Francesco Petrarca (Arezzo, 20 de julio de 1304 – Arquà
Petrarca, Padua, 19 de julio de 1374) fue un lírico y humanista italiano, cuya
poesía dio lugar a una corriente literaria que influyó en autores como
Garcilaso de la Vega (en España), William Shakespeare y Edmund Spenser (en
Inglaterra), bajo el sobrenombre genérico de Petrarquismo. Tan influyente como
las nuevas formas y temas que trajo a la poesía, fue su concepción humanista,
con la que intentó armonizar el legado grecolatino con las ideas del
Cristianismo. Por otro lado, Petrarca predicó la unión de toda Italia para
recuperar la grandeza que había tenido en la época del Imperio romano.
Biografía
Francesco Petrarca.
Retrato de Francesco Petrarca. Altichiero, 1376.
Hijo del notario Pietro (Petracco) di Ser Parenzo, pasó su
infancia en el pueblo de Incisa in Val d'Arno, cercano a Florencia, pues su
padre había sido desterrado de Florencia por los güelfos negros en 1302 a causa
de sus relaciones políticas con Dante, que era güelfo blanco. El notario y su
familia marcharon luego a Pisa y a Marsella. Los exiliados llegaron a Aviñón en
1312 y Francesco se instaló en Carpentras donde aprendió humanidades con el
profesor toscano Convenole da Prato. Pasó toda su juventud en la Provenza,
asimilando la lírica trovadoresca, y empezó a estudiar Derecho en Montpellier a
comienzos del otoño de 1316; allí conoció a varios miembros de la familia
Colonna, y luego pasó a la Universidad de Bolonia; ya entonces manifestó un
gran amor por la literatura latina clásica, en especial por Cicerón; pero su
padre, enemigo de esas lecturas, que veía poco provechosas, arrojó esos libros
al fuego en 1320; la leyenda cuenta que la desesperación de Petrarca fue tal
que tuvo que sacar lo que quedaba de ellos de la chimenea.
Tras la muerte de su padre regresó a Provenza e hizo los
votos eclesiásticos menores. El 6 de abril de 1327, viernes santo, vio por
primera vez a Laura, la mujer que idealizaría en sus poemas, en Aviñón. Poco se
sabe de ella, aunque es muy posible que fuese la dama Laure de Noves, casada
con un antepasado del marqués de Sade y, por tanto, llamada tras su matrimonio
Laure de Sade (1310–1348). Por ella sintió una pasión pura y constante, como la
que Dante Alighieri había sentido por Beatrice Portinari, la Bice de La Divina
Comedia. Vivió entre 1337 y 1353 en Vaucluse o Fontaine de Vaucluse, un lugar
con la fuente más caudalosa de Francia, en las cercanías de Aviñón. Tuvo dos
hijos, Giovanni y Francesca, (en 1337 y 1343), sin poder asegurarse si fueron
fruto de una o dos relaciones. Nunca los referenció en sus obras directamente,
teniéndose constancia de que el varón, que murió joven, le dio disgustos a
diferencia de su hija quien le proporcionó la alegría de varios nietos.1
Petrarca terminó sus días en Arquà; según afirma la tradición, lo encontraron
muerto sobre un libro que estudiaba.
El 26 de abril de 1336 Petrarca junto a su hermano y otros
dos compañeros, escaló el monte Ventoso de los Alpes de 1.909 metros y más
tarde escribió una memoria del viaje en forma de carta a su amigo Francesco
Dionigi. Como en ese tiempo no era usual escalar montañas sin fin práctico
alguno, se considera ese día la fecha de nacimiento del alpinismo como deporte
y a Petrarca como uno de los precursores del mismo.
Su vida transcurrió al servicio de la Iglesia y de la
poderosa familia Colonna. Poseído por una pasión de bibliófilo, de la que da
cuenta el capítulo consagrado a la bibliomanía de su De remediis, viajó
constantemente por Europa (Francia, Italia, Países Bajos, España, Inglaterra)
buscando códices de autores clásicos, y se convirtió en poeta laureado por el
Senado de Roma por su poema latino en hexámetros Africa.
El encuentro con Giovanni Boccaccio en Florencia fue
decisivo para sus ideas humanistas y junto a éste se constituyó en figura
principal del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos
oscuros en el primer Renacimiento italiano; intentó armonizar el legado
grecolatino con las ideas del Cristianismo. Por otro lado, Petrarca predicó la
unión de toda Italia para recuperar la grandeza que había tenido en la época
del Imperio romano. Vittore Branca escribió sobre él que
Se presenta como una especie de Jano que mira a la vez hacia
el pasado y el porvenir, la antigüedad y la cristiandad, la frivolidad y el
recogimiento, el lirismo y la erudición, el interior y el exterior [...] Ocupa
en la historia de la poesía y de la cultura de Europa cristiana y moderna un
lugar excepcional: jamás, quizá, un escritor haya tenido una influencia tan
decisiva ni tan prolongada.
Como filólogo en el curso de sus viajes pudo rescatar del
olvido a algunos autores clásicos. En Lieja descubrió el discurso Pro Archia
poeta de Cicerón y en Verona, Ad Atticum, Ad Quintum y Ad Brutum de este mismo.
Una estancia en París le permitió encontrar las elegías de Propercio y en 1350
la revelación de Quintiliano marcó, a decir del poeta, su renuncia definitiva a
los placeres de los sentidos. Petrarca fue el gran redescubridor de Vitruvio y
tras la difusión por el florentino de la obra de este autor clásico, podemos
afirmar que decir Vitruvio es decir todas las bases de la arquitectura
Renacentista.
Fuente: Wikipedia
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